El compromiso es el primer ingrediente necesario para la
longevidad del matrimonio. Pero un matrimonio duradero no es necesariamente un
matrimonio feliz ni siquiera un matrimonio razonablemente bueno. Así que, ¿qué
es lo que sigue? Para responder esto quiero examinar Efesios 4 –no Efesios 5,
como tal vez usted espere–. Allí hallo por lo menos cinco importantes
principios –mandatos, en realidad– que fortalecerán su compromiso hacia el
matrimonio y harán que este persista. Pablo originalmente los aplicó a la
comunidad de la iglesia, pero funcionan bien en muchos otros contextos, especialmente
en el matrimonio.
1. Cultive completa sinceridad
“Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno
con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros” (Efesios 4:25).
La verdad es dura. Es un riesgo. Requiere vulnerabilidad,
confianza y fe. Pero algunas parejas se han cubierto con hojas de higuera, como
Adán y Eva, por tanto tiempo, que casi ni siquiera pueden soportar el
pensamiento de estar desnudos el uno frente al otro. Se han escondido detrás
del engaño por tanto tiempo, que casi ni pueden reconocer la verdad. ¡Qué
triste vivir en una trampa así! Si la verdad nos hace libres, entonces ningún
matrimonio es más esclavo que el matrimonio que está envuelto es engaños,
falsedades y mentiras. Descártelos y decida hoy empezar a decir solo la verdad.
2. Exprese el enojo de manera apropiada y en el momento
apropiado
“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro
enojo, ni deis lugar al diablo” (Efesios 4:26-27).
Tal vez a usted, como a mí, se le enseñó al crecer que la
ira siempre era pecado. Pero no toda la ira es mala. Debemos enojarnos al ver
que se defrauda a inocentes o se destrozan los buenos valores. Debemos temblar
con cólera cuando vemos que se maltrata a un niño. Hacer a un lado una seria
ofensa de parte de su compañero más cercano, más confiable – su cónyuge– es una
señal segura de que los dos están desconectados. Un matrimonio que se
caracteriza por el mutuo respeto, da a cada cónyuge suficiente espacio para que
exprese sus sentimientos y emociones de ira. En mi experiencia, manejar la
expresión de ira requiere trabajo en equipo. El cónyuge enojado debe ejercer
dominio propio –”no pequéis”–, en tanto que el otro responde apropiadamente a
las expresiones de ira. La manera más rápida de calmar a un cónyuge enfadado es
escuchar. Esfuércese para oír lo que su cónyuge está expresando –aunque lo haga
pobremente– y muestre empatía.
3. No le robe a su cónyuge
“El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con
sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece
necesidad” (Efesios 4:28).
Un matrimonio incluye más que posesiones materiales. Es una
comunidad de dos, cada uno habiendo intercambiado promesas y expectaciones. Mi
tiempo, mi confianza, mi trabajo, lo mejor de mí mismo, incluso mi cuerpo le
pertenece en parte a mi esposa. Cuando yo retengo o violo cualquiera de esas
cosas, le robo a ella lo que por derecho le pertenece.
Le robo cuando permito que alguna otra cosa invada el tiempo
que le he prometido a ella. Le robo cuando doy lo mejor de mí mismo a la
iglesia y no dejo nada para ella en casa. Le robo cuando revelo lo que ella me
ha pedido que guarde en forma confidencial. Las parejas se roban uno al otro al
usar egoístamente el dinero de la familia.
Guarde las cosas de su matrimonio que le pertenecen a su
cónyuge. Guárdelas seguras y úselas sabiamente.
4. Cuide escrupulosamente su habla
“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la
que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.
Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuiste sellados para el
día de la redención” (Efesios 4:29-30).
Cada vez que abrimos la boca edificamos o destrozamos a
nuestro cónyuge. Cuando afirmamos o atacamos. Pocas cosas pueden dividirse tan
claramente en categorías de edificantes o pútridas, y nuestra habla es una de
ellas. En forma extraña, nos cuidamos mucho más de hablar cortésmente a la
gente en público que a nuestros cónyuges. ¡Qué triste es para nosotros, y cómo
aflige al Espíritu Santo presenciar eso!
5. Sea amable
“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y
maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros,
misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a
vosotros en Cristo” (Efesios 4:31-32).
“Simplemente, sé amable”. Eso es algo que todos podemos
hacer, es sencillo. Así es como las personas son transformadas. Así es como
sacamos lo mejor de nuestros cónyuges. Simplemente sea amable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario